Tomando de Gabriel El Ave, Virgen alma, Mudando el nombre de Eva, Paces divinas trata.
La vista restituye, Las cadenas desata, Todos los males quita, Todos los bienes causa.
Muéstrate Madre, y llegue por Ti nuestra esperanza. Aquien, por darnos vida, Nació de tus entrañas.
Entre todas piadosa, Virgen, en nuestras almas, Libres de culpa, infunde Virtud humilde y casta.
Vida nos presta pura, Camino firme allana; Que quien a Jesús llega, Eterno gozo alcanza.
Al Padre, al Hijo, al Santo Espíritu alabanzas; Una a los tres le demos, y siempre eternas gracias.

La Oración de María para sus fieles esclavos es una oración católica que se atribuye a la devoción de Santa Teresa de Ávila, una monja española del siglo XVI y fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas. Aunque la autoría de la oración es incierta, se cree que fue escrita por Santa Teresa como una expresión de su devoción mariana.
La oración en sí misma es una petición a la Virgen María para que ella adopte al orador como su «esclavo» y le conceda sus gracias y protección. La oración comienza con las palabras «Oh, esclava de María, ruega por nosotros», lo que refleja la devoción de Santa Teresa hacia la Virgen María y su creencia en su poder y protección.
La oración ganó popularidad en el siglo XVIII, cuando fue adoptada por la Orden de los Esclavos de la Santísima Virgen María, una congregación religiosa dedicada a la devoción mariana y fundada por el padre francés Jean-Baptiste Blain en 1705. La congregación se extendió por toda Francia y Europa, y la Oración de María para sus fieles esclavos se convirtió en una parte central de su devoción.
En la actualidad, la Oración de María para sus fieles esclavos sigue siendo una oración popular entre los católicos devotos de la Virgen María, y se ha traducido a muchos idiomas diferentes. Aunque la historia y el origen de la oración siguen siendo objeto de debate, su belleza y su poder como expresión de la devoción mariana han asegurado su popularidad y uso continuos.